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Categoría: Poesía

Silencio

Ayer salí a la calle
y pude por fin escuchar el silencio.
Cantaban las hojas,
silbaba el aire,
sonreían los pájaros
y el agua volvía a brillar
calle abajo.
Era todo puro ruido,
sin embargo escuchaba el silencio
—nuestro silencio—
que disfruté los pocos segundos
que tardé en regresar.
Segundos que fueron un siglo
de paz infinita.

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Confinamiento

Cerraron la puerta por dentro
y la ventana por fuera.
Dejaron afuera el aire
Y quedó adentro el hambre.
Fuera los pájaros trinan
y dentro la radio alarma.
Quedó afuera el ocio,
dentro quedó el hastío.
Dejaron fuera el calor y el frío
y aquí dentro la monotonía.
Dejaron fuera los instrumentos;
dentro, las partituras;
fuera, las canciones;
dentro, los aplausos.

El aire se acaba,
se agota,
se pudre,
bajo este techo que se desploma
un centímetro al día
sobre nuestras cabezas.

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Aplausos

Vía de escape.
Reproche en voz baja.
Dragón que despierta
y su fuego se calla.
Rabia en los dientes,
llanto a distancia.
Muertos que buscan,
en vano, un adiós.
Enfermeros enfermos.
Médicos críticos.
Lumbres gritando.
Bomberos sin agua.
Serán inservibles
los aplausos de hoy
si no resuenan
mañana en las urnas.

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Trincheras de la vanidad

¿Y qué es poesía, si no es ego destilado,
si no es el alma que se escapa por las manos
y se impregna en el papel ayer perlado
y hoy portador de sentimientos tan mundanos?

¿Y qué ha de ser, si ni novelo ni relato
cuando escribo tales versos a destajo?
Sólo una idea, una idea sola y un acato
a no rehuirla por encima o por debajo.

Si la escritura es del egoísmo un acto
la poesía es el ego desatado.
Amor, odio, envidia, espera, lucha, pacto;
trincheras que la vanidad se ha arrogado.

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Mujer que surge

Sabes, mujer que surge tras la ventana
que este mi fuego prende mis entrañas
de tan secas con nada nace una llama
cada vez que te veo asomar.

Sabes, ansiosa dama de oros ondeantes
que aunque construyas un puente colgante
algunos ríos no son cruzables
mientras fluya el manantial.

Sabes, hembra magnética, imán infinito
que largas cadenas me mantienen asido
y sólo esta llave de madera y grafito
me logra a veces liberar.

Sabes, eterna espera que nunca descansa
que mi carcelera siempre yace en mi cama
besa mis muertes, mis besos mata
y goza al verme suspirar.

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Fuego frío

Maldito seas, fuego frío,
que acampas a tus anchas por mis tierras,
que ardes los arbustos de un soplido
y sonríes en el blanco de tus ojos
mientras haces inventario de amigos.

Maldito seas, fuego frío.
Apostado en tu sofá prendes la llama
que arrasa nuestros sueños y principios.
Y señalas, con tu dedo de verdugo,
al cómplice que recibirá el castigo.

Maldito seas, fuego frío.
¿A quién hemos de culpar por tu presencia?
¿Al que te encendió, con o sin motivo,
o al que pudo apagarte aún a tiempo?
Sólo pido que nunca te salve el olvido.

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Línea ocupada

Al dios de los creyentes, a quien deberían dejar descansar durante un tiempo

No paro de escuchar mi nombre en tus lamentos.
No cesa el retumbar de tu voz invocando
a este pobre creador de espíritu algo blando.
No dejas de llamarme como un simple elemento.

Algunos me reclaman en el tiempo de descuento,
pero tú siempre me invocas con todo tu empeño
para tratar incluso hasta el asunto más pequeño;
mas después no faltará tu orgulloso lucimiento.

Ya los fieles no reciben mi palabra anunciada
ni los enfermos obtendrán el más triste milagro
ni a los mendigos cubriré de la lluvia y de los vientos;

pues contigo siempre tengo la línea ocupada.
Desde que me llamas mi credo se ha hecho magro.
Desde que me convocas mi sueño es un tormento.

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