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Mes: enero 2018

El correo secreto del Zar siempre pasa dos veces

Nikolái paseaba nervioso de un lado a otro de la colosal sala de visitas. Trescientos pasos debía dar de pared a pared, y cuando alcanzaba un extremo de la estancia daba la vuelta y reiniciaba el recuento. Ésa era su estrategia para no sucumbir al desasosiego.

Seguía andando con las manos en la espalda, su larga figura apocada por la preocupación y la barbilla casi rozándole el pecho cuando se abrió la puerta del servicio. De inmediato se viró hacia ella y se acercó dando zancadas. Por un momento se dibujó un halo de esperanza en su rostro, pero cuando vio entrar a la comitiva de camareras de piso se detuvo, desapareció la incipiente sonrisa bajo el populoso bigote y volvió la pesadumbre a su rostro.

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La oportunidad de Horchner

Entre crujidos de la madera y balanceos del camarote, el capitán Horchner dormitaba cuando la puerta se abrió de forma súbita, emitiendo un chirrido agudo. Asustado, dio un brinco y simulo estar leyendo el diario de a bordo mientras se retiraba las legañas con disimulo. Cuando alzó los ojos pudo distinguir el contorno del contramaestre, cuya sonrisa socarrona pasó desapercibida para el capitán gracias al contraluz.

―¿Qué ocurre? ―preguntó con sequedad a la vez que trataba de disimular la voz soñolienta.
―Mi capitán, debe venir inmediatamente.
―Estoy ocupado ―contestó devolviendo la mirada al diario de abordo―. Interrumpidme sólo para cosas importantes.
―Se trata de Fairchild, mi capitán. Ha empeorado.

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