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Un mundo nuevo

Extendió sus brazos y acogió con ellos a su marido y a sus hijos. Los rodeó el calor, la oscuridad y el polvo, y supo que morirían en un segundo o en una semana, pero que morirían. Y la congoja se tornó alivio. ¿Quién querría vivir en el mundo que nacía en ese instante?

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