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La espera

Contra el criterio de su marido, Avril decidió permanecer en el muelle, esperándolo. No entendía la cerrazón de su esposo Phillipe, que quería que volviera a casa y aguardara allí su regreso. Pronto la mirada triste de Avril se volvió felina. Se recostó en un banco y comenzó a mirar con descaro a los jóvenes marineros que rondaban el muelle.

Phillipe, desde la cubierta del barco, observaba a su mujer. Creyó, desdichado, que se había bajado de la baranda para regresar al hogar, pero pronto se dio cuenta de que algo andaba mal cuando vio todos aquellos hombres acercarse al lugar donde ella estaba asomada hacía un momento. Ni por un instante temió que Avril hubiera sufrido un vahído.

Ya eran demasiadas las veces que esa arpía había jugado con su inocencia. Lamentó no saber nadar para regresar a tierra firme y darle su merecido. Pero no; no habría sido buena idea: con sus artes seductoras probablemente lo habría convencido una vez más para que se sumara a la bacanal.

Phillipe suspiró. ¿Para qué luchar, si mientras él estaba en tierra la tenía siempre en sus brazos y cuando zarpaba ella alcanzaba sus máximas aspiraciones? Como si de un remedio magistral se tratara borró a Avril de su mente y se dirigió a los aposentos del capitán en busca de consuelo.

3 Comments

  1. Megan
    Megan 16 de septiembre de 2017

    Muy bueno Rubi, me encantó, felicitaciones 🙂

  2. magali
    magali 15 de agosto de 2017

    No entiendo esta frase: “Avril decidió permanecer en el muelle, esperándolo”.
    ¿Esperándolo hasta cuando si acaba de zarpar?

    • rubisco
      rubisco 23 de agosto de 2017

      La intención de la frase es “esperándolo hasta que regrese”. Es posible que resulte algo confusa.

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